Estrella del Mar Carrillo Blanco
Las mujeres me enseñaron todo
lo que sé. Ellas orientaron mi vida y labraron expectativas donde sólo había
desiertos. La artífice de mi existencia alentó mis compromisos y fortaleció,
con pulso ético, el sentido con el que a diario asumo la realidad.
Mujeres fueron las que me
adentraron en el juego, la lectura, la risa y el sueño. Amigas, vecinas,
conocidas, compañeras me combatieron el miedo y sofocaron la pena en largas
tardes de soledad umbría.
Maestras
y aprendizas, a ellas las ví enfrentarse al mundo cuando elegían a sus hijos
frente a solterías vergonzantes, y a ellas, solas, las ví coger aquellos vuelos
charter en los que apoyaban su elección de prohibidos abortos.
A ellas, cuando regresaban de
la quimio, las ví esbozar una sonrisa y soltar con vencida ironía que lo mejor
era fumarse un porro.
A ellas las ví llorar...y confesar
que la razón de su vida no les era correspondida....
Que nadie me diga que las mujeres son arteras,
celestinas, astutas y enredadoras. Que nadie resalte defectos, actitudes y
condiciones fruto de una educación mediocre y una moral miserable. Que nadie
diga que las mujeres sólo sirven para el sexo...
Costó
mucho esfuerzo, mucha sangre, muchas lágrimas aprobar la Ley Orgánica de
Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, primera Ley que
en este asunto acometió, en 2004, el Gobierno Socialista. En este sentido se ha
avanzado, especialmente en lo respecta a la denuncia social.
No así
en la disminución de víctimas por violencia de género, lo cual resulta
sospechosamente contradictorio y despierta los olfatos más desconfiados. ¿Por
qué el trato hacia las mujeres continúa siendo discriminatorio, sesgado,
suspicaz y, cuanto menos, paternalista?. Y eso siendo consciente de que
decir "cuanto menos" es arriesgado. Ya en el siglo XVIII, el filósofo
Inmanuel Kant señalaba que "el paternalismo es uno de los peores
despotismos" y, claro, en una sociedad en la que por milenios ha primado
una educación patriarcal, todavía resulta extremadamente difícil sacudir de las
entrañas familiares la recurrencia al buen criterio paterno. ¿Por qué sigue
habiendo hombres que, impunemente, continúan maltratando a sus parejas y en el
abismo de su locura terminan con sus vidas?.
El viernes 26 de noviembre de 2010, el
Consejo de Ministros aprobaba un paquete de reformas legislativas que pretenden
acabar de manera más drástica con esta lacra. Pero todavía hay que hacer más, no
es posible detenerse porque de ello depende la vida de muchas mujeres y, por
tanto, es urgente continuar con la prevención y profundizar más en la defensa y
protección de las víctimas. Aún queda mucho camino por recorrer en el ámbito
educativo...
El Ejecutivo ha
considerado prioritario avanzar en la protección de los menores expuestos
a la violencia de género y, por eso, ha introducido las reformas oportunas en
el Código Civil para que se impida la posibilidad de atribuir la guarda y
custodia individual al progenitor incurso en un proceso penal por violencia de
género. Como se señala desde distintos ámbitos institucionales, la única manera
de proteger a un menor es evitando que viva en un contexto de violencia. El
objetivo de la reforma, además del de avanzar en la protección de los
menores, es el de evitar que mujeres maltratadas sean presionadas con la custodia
de los menores, que ninguna mujer se inhiba de iniciar un proceso de separación
o divorcio ante la amenaza de perder la custodia de sus hijos.
A tenor de todo lo dicho, recelo por tanto de algunas normativas ¿autonómicas
quizá? que sancionan al trabajador/a con la deducción de haberes si ha faltado
al trabajo por acompañar a su hijo/a indispuesto/a y no ha cursado justificante
médico. Pero aún recelo más de los jefes/as de personal que aplican la norma a
rajatabla amparándose en el argumento de que no puede haber excepciones porque,
de lo contrario, podrían existir abusos y no se trataría a todos los
trabajadores/as por el mismo rasero. Recelo de los que consideran grandes
mujeres a las que se ocupan de todo, incluso de ellas mismas. Recelo porque, en
esos cánticos hiperbólicos de las supermujeres, se esconde una explotación del
trabajo femenino que, además de legal, suele ser consentida. Recelo de los que
dando palmaditas en la espalda lisonjean tus esfuerzos con sonrisa canina...
Estrechar las
desigualdades sigue siendo una tarea larga, lenta, difícil. La legislación es
necesaria y, como ocurre en ocasiones, se adelanta al sentir social y resulta
incomprensible para las conductas y pensamientos más rancios. Es por eso por lo
que ha de ir acompañada de modelos educativos que inviten a la reflexión e interiorización
de roles donde palabras como "posesión, pretección, inferior..."
queden, de una vez por todas, relegadas al pasado más abyecto de las relaciones
humanas.
ENERO DE 2011
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