domingo, 24 de febrero de 2013

SIN TÍTULO



Solía recordar
cada retazo
de una risa extraviada
casi eterna.

Solía entender
en su delirio
que un bostezo cansado
es su presidio.

Solía preguntarse
por sus huellas
y el bucle que retorna
a cada instante.


Y, mientras enhebraba
los hilos
de su desgastada vida,
esperaba con método
en su silla
a que un aroma
de sal, de luz y de deseo
grabase hondos poemas
en todos los rincones de sus ojos.

         Estrella del Mar Carrillo Blanco

                      MAYO DE 2012

URBANITAS


Estrella del Mar Carrillo Blanco
 
-Endiablada carrera de automóviles que a las 6 de la tarde invaden la M-30.

-Rostros tallados a golpe de nácar buscan desesperados el calor de perdidos abrazos.

-Gentes que van y vienen, se reencuentran, prorrumpen en risotadas y te destrozan
  la calma.

-En la penumbra de los callejones, acelerados pasos cultivan danzas marciales;
  inarmónicas voces susurran quedamente.
  A veces olisquean la angustia en las miradas.

-Impúdico sudor de clandestinas alcobas transciende las celosías y se funde en
 el asfalto.

-Abrumadora carga de cemento, entrecorta los alientos y te impide dar un paso.

                                                                      
                                                                                                   JUNIO DE 2010

jueves, 21 de febrero de 2013

DEL ENCUENTRO ENTRE EL PROFETA Y UN CRIADOR DE PERROS


 


 
                                                     RELATO SUFÍ

Estrella del Mar Carrillo Blanco

     Cuentan que un día el profeta Muhammad, en su peregrinar, se topó con un hombre que se afanaba en ahorcar a unos perros que le resultaban ya viejos e inservibles. El hombre se dedicaba a la cría de estos animales para llevarlos a  las carreras y apostar sobre ellos. Cuando ya no le eran útiles y no obtenía los beneficios deseados, les aplicaba una feroz y terrible muerte.

       El profeta, recriminando semejante conducta, le recordó que ese tipo de actos vulneraba la interpretación del Corán y que, para Alá, todos los seres naturales gozaban de su mismo amor.

        El hombre le respondió que se metiera en sus asuntos y continuase su camino. Pero el profeta, desoyendo un tanto la recomendación, dibujó con su bastón varias líneas en el suelo y se alejó musitando algunas Suras del Libro Sagrado.

          Pasado el tiempo, el hombre aquel enfermó y cayó en desgracia. No teniendo más compañía que los perros que criaba, éstos le acabaron devorando al no tener nada para comer.

          El poeta Rumí señala que, tal y como indicó el profeta, el hombre ha de cuidarse de todo lo que la naturaleza le ha concedido y que su alma, hermanada con el Alma del Universo, ha de procurar la armonía entre todos los seres pues, de lo contrario, aquellos actos cometidos contra natura recibirán en correspondencia el más cruento de los castigos.

                                                                    MAYO DE 2011

miércoles, 20 de febrero de 2013

LA PEREGRINACIÓN DEL PRÍNCIPE AHMED





RELATO SUFÍ

Estrella del Mar Carrillo Blanco

        El príncipe Ahmed se había levantado temprano y había emprendido su peregrinación a La Meca. Decidió ir solo, sin mucho equipaje, únicamente con aquello que pudiese transportar Jalhed, su alazán favorito.
         Por grande que fuera su devoción, no dejaba de detenerse en todos aquellos lugares o con grupos de gente que encontraba a su paso.

      Así, en una pequeña aldea se topó con unos cuantos hombres que disputaban por unas tierras. Ahmed pensó que si él las compraba y después las arrendaba a partes iguales el conflicto quedaría zanjado. Así lo hizo. Cuando de nuevo emprendió el camino, musitó: "¡Alá es grande!".

      Al llegar a la Ciudad Dorada, famosa por su fastuosidad y el buen vivir del que gozaban sus ciudadanos, observó a los jueces de la misma deliberar sobre qué leyes serían las más convenientes para preservar la prosperidad. Puesto que no se ponían de acuerdo, Ahmed decidió dejarles las leyes de su reino. Cuando se marchó, Ahmed pensó: "¡Alá es grande!".

       Un tanto agotado del viaje, paró a descansar en un frondoso oasis que encontró a su paso. Había allí un santón que se lamentaba porque sus profecías sólo causaban la irrisión de la gente. Ahmed le dijo que si cambiaba la forma de narrarlas seguramente sería escuchado y las mofas cesarían. Una vez que Jalhed hubo calmado su sed y Ahmed hubo descansado, ambos reemprendieron el peregrinar. Ahmed pensó, ya de camino:"¡Alá es grande!".

     Aproximándose a la Ciudad Santa, unas mujeres gritaban e insultaban a otra acusándola de prostituta y de haber seducido a sus maridos. Como no se terminaban de poner de acuerdo sobre su lapidación, Ahmed cogió una gran piedra, la mayor que encontró, y la arrojó sobre la supuesta ramera. Tras él, el resto de mujeres acabó con la vida de la pobre infeliz. Ahmed pensó ya cerca de la plaza donde se encontraba la Ka´aba: "¡Alá es grande!".

      Una vez allí, una muchedumbre se apiñaba llorando y gritando desconsoladamente. Entre todos aquellos desgraciados, Ahmed distinguió a los hombres a los que había arrendado las tierras de la pequeña aldea. Sufrían por no poder pagar el arriendo, ya que la cosecha no daba el fruto deseado. Más allá, los jueces de la Ciudad Dorada pedían clemencia por el desastre y la pobreza a la que habían conducido las últimas leyes impuestas. Atrapado por el gentío, Ahmed fue arrastrado hasta un grupo de hombres que ajusticiaba al santón del oasis por considerar heréticas todas sus profecías.

      Ahmed, sumido en la aflicción, se acercó a la Ka´aba. Junto a la Piedra Negra, unas mujeres se arrancaban entre ellas los vestidos y se acusaban mutuamente de haber dado muerte a una inocente.

     No pudiendo soportar semejante  dolor, Ahmed se arrodilló extendiendo sus brazos en el suelo y con los ojos bañados en lágrimas. Pensó en Alá y, como si una brisa del desierto le acariciase el rostro, oyó una voz que le susurraba:

       -"¡Ahmed!, ni siquiera Alá puede dirigir el destino y la libertad de los hombres. Aunque sea por la
grandeza de Alá".

                                                                                                             Marzo de 2002

martes, 19 de febrero de 2013

MI TRIBUTO A LAS MUJERES


Estrella del Mar Carrillo Blanco

    Las mujeres me enseñaron todo lo que sé. Ellas orientaron mi vida y labraron expectativas donde sólo había desiertos. La artífice de mi existencia alentó mis compromisos y fortaleció, con pulso ético, el sentido con el que a diario asumo la realidad.
    Mujeres fueron las que me adentraron en el juego, la lectura, la risa y el sueño. Amigas, vecinas, conocidas, compañeras me combatieron el miedo y sofocaron la pena en largas tardes de soledad umbría.
    Maestras y aprendizas, a ellas las ví enfrentarse al mundo cuando elegían a sus hijos frente a solterías vergonzantes, y a ellas, solas, las ví coger aquellos vuelos charter en los que apoyaban su elección de prohibidos abortos.
    A ellas, cuando regresaban de la quimio, las ví esbozar una sonrisa y soltar con vencida ironía que lo mejor era fumarse un porro.
   A ellas las ví llorar...y confesar que la razón de su vida no les era correspondida....
   Que nadie me diga que las mujeres son arteras, celestinas, astutas y enredadoras. Que nadie resalte defectos, actitudes y condiciones fruto de una educación mediocre y una moral miserable. Que nadie diga que las mujeres sólo sirven para el sexo...
     Costó mucho esfuerzo, mucha sangre, muchas lágrimas aprobar la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, primera Ley que en este asunto acometió, en 2004, el Gobierno Socialista. En este sentido se ha avanzado, especialmente en lo respecta a la denuncia social.
     No así en la disminución de víctimas por violencia de género, lo cual resulta sospechosamente contradictorio y despierta los olfatos más desconfiados. ¿Por qué el trato hacia las mujeres continúa siendo discriminatorio, sesgado, suspicaz y, cuanto menos, paternalista?. Y eso siendo consciente de que decir "cuanto menos" es arriesgado. Ya en el siglo XVIII, el filósofo Inmanuel Kant señalaba que "el paternalismo es uno de los peores despotismos" y, claro, en una sociedad en la que por milenios ha primado una educación patriarcal, todavía resulta extremadamente difícil sacudir de las entrañas familiares la recurrencia al buen criterio paterno. ¿Por qué sigue habiendo hombres que, impunemente, continúan maltratando a sus parejas y en el abismo de su locura terminan con sus vidas?.
       El viernes 26 de noviembre de 2010, el Consejo de Ministros aprobaba un paquete de reformas legislativas que pretenden acabar de manera más drástica con esta lacra. Pero todavía hay que hacer más, no es posible detenerse porque de ello depende la vida de muchas mujeres y, por tanto, es urgente continuar con la prevención y profundizar más en la defensa y protección de las víctimas. Aún queda mucho camino por recorrer en el ámbito educativo...

      El Ejecutivo ha considerado prioritario avanzar en la protección  de los menores expuestos a la violencia de género y, por eso, ha introducido las reformas oportunas en el Código Civil para que se impida la posibilidad de atribuir la guarda y custodia individual al progenitor incurso en un proceso penal por violencia de género. Como se señala desde distintos ámbitos institucionales, la única manera de proteger a un menor es evitando que viva en un contexto de violencia. El objetivo de la reforma, además del de avanzar en la protección  de los menores, es el de evitar que mujeres maltratadas sean presionadas con la custodia de los menores, que ninguna mujer se inhiba de iniciar un proceso de separación o divorcio ante la amenaza de perder la custodia de sus hijos.
      A tenor de todo lo dicho, recelo por tanto de algunas normativas ¿autonómicas quizá? que sancionan al trabajador/a con la deducción de haberes si ha faltado al trabajo por acompañar a su hijo/a indispuesto/a y no ha cursado justificante médico. Pero aún recelo más de los jefes/as de personal que aplican la norma a rajatabla amparándose en el argumento de que no puede haber excepciones porque, de lo contrario, podrían existir abusos y no se trataría a todos los trabajadores/as por el mismo rasero. Recelo de los que consideran grandes mujeres a las que se ocupan de todo, incluso de ellas mismas. Recelo porque, en esos cánticos hiperbólicos de las supermujeres, se esconde una explotación del trabajo femenino que, además de legal, suele ser consentida. Recelo de los que dando palmaditas en la espalda lisonjean tus esfuerzos con sonrisa canina...

     Estrechar las desigualdades sigue siendo una tarea larga, lenta, difícil. La legislación es necesaria y, como ocurre en ocasiones, se adelanta al sentir social y resulta incomprensible para las conductas y pensamientos más rancios. Es por eso por lo que ha de ir acompañada de modelos educativos que inviten a la reflexión e interiorización de roles donde palabras como "posesión, pretección, inferior..." queden, de una vez por todas, relegadas al pasado más abyecto de las relaciones humanas.

                                                                                 ENERO DE 2011